domingo, 7 de octubre de 2018

GLOBALIDAD Y CONSPIRACION






GLOBALIDAD Y CONSPIRACION

EL TERRENO DE JUEGO

No creo en la inspiración. Por el contrario, creo en el trabajo, la observación y la reflexión sobre los acontecimientos políticos y sociales que se producen en el ámbito internacional, porque el mundo actual, el planeta está recorrido por múltiples canales, medios y vías que le hacen latir al unísono.

Todo acontecimiento que cuestionen los valores aceptados en cualquiera de los terrenos que hacen posible la convivencia social, una vez cuestionado adquiere dimensiones generales afectando a la comunidad internacional, sin importar lo grande o pequeño que pueda ser el lugar de su origen, siendo la profundidad del desacuerdo lo que le saca del ámbito local dándole una dimensión susceptible de ser evaluado por el conjunto humano.

Son estos hechos los que tienen capacidad para determinar el curso de la historia, y cerrar esa ventana  condena a la mayoría, a la sociedad a reducir la percepción –la propia percepción, la perspectiva capaz de elevar las concepciones, no solo políticas, también las intelectuales, éticas y armoniosas y aún más grave si cabe, cuando esa percepción es orgánica, común, militante–, es obligado tratar de entender ese entorno, pues de otro modo se concentrará la atención en lo próximo, en lo cercano, porque, erróneamente, se creerá tener capacidad de poder modificarlos, queriendo desligar lo local de lo general, porque al carecer de opinión se puede creer o sentir que tales eventos, son insuperables y que solo lo próximo, aquello que es local es posible modificar su curso.

Creo en el convencimiento de que lo que se hace tiene valor y sentido, y últimamente me ha parecido conveniente reflexionar, acerca del momento internacional, porque las explicaciones que encuentro a mi alcance no concuerdan con los datos disponibles, y dado la cantidad de informados intervinientes que dan cumplida cuenta de la cotidianidad política, me ha parecido necesario arriesgar alguna explicación discordante con las que se exponen de manera, que en mi opinión, al objetivar los comportamientos en los límites que impone el agonizante modo de producción mercantil, los datos empiezan a tener sentido.

Para que escribir no pierda sentido y esa proyección no sea vacua, cale en la sociedad, cale en la clase oprimida, es necesario ahondar en esos acontecimientos para desbrozar y sacar a la luz el significado profundo que expresan tales acontecimientos. Para que ese significado cobre la importancia debida y sirva para que la sociedad y la clase oprimida pueda construir su imaginario colectivo produciendo un centro, una dirección capaz de ser guía, capaz de orientar a la clase, a la sociedad oprimida. Construir una dirección confiable –a escala planetaria, internacional– aunque contra ella, contra esa dirección se confabule la burguesía y sus medios, es una tarea apremiante porque en estos momentos actuales, la burguesía, una élite, un grupo social homogéneo –conscientemente interconectados, incluso si mantiene diferencias de difícil sondeamiento– está quebrada entre sus intereses nacionales, concretos y apremiantes, y los intereses de clase, que hasta hace muy poco lideraba USA, con cierto recelo de los burgueses europeos.

Los intereses de clase burgueses, de la burguesía, están quebrados, rotos, por las contradicciones producida por esa lucha de la sociedad, sin dirección, pero incesante, considerada esta, la burguesía, como el grupo social más homogéneo, la élite que dirige los destinos humanos –en medio de una sociedad fragmentada, dispersa, que lucha por la supervivencia–, han vuelto al terreno nacional, local –nunca fueron comunes, más que en el ámbito concreto de la fuerza militar incontestable de USA–, pareciendo tener un sentido común, una aquiescencia ante un enemigo común que habitaba en el temor del imaginario burgués, pero que sirvió para lograr el fortalecimiento de una economía concreta, el predominio del capital financiero estadounidense, utilizando el dólar como elemento homogeneizador.

El modo de producción mercantil, con un recorrido histórico donde se han producido los acontecimientos científicos más determinantes, de todos los tiempos, en un lapso de tiempo muy corto, ha ido cambiando la estructura económica de la sociedad, casi en una sucesión continua en los últimos doscientos años, alterando la lógica interna del modo de producción basado en la obtención de plusvalía y esa lógica interna que sustenta la ley del valor está saltando incontestablemente influyendo en el comportamiento social de diversas formas y modos.

Este hecho, esta sucesión de hechos, obviados públicamente por políticos, economistas, sociólogos y por la misma izquierda, carente de cualquier tipo de alternativa, es sutilmente alimentada en los medios burgueses, los medios que les son afines, dificultando que la sociedad y la clase trabajadora se aperciba de la importancia que tiene en la vida diaria, el potente cambio de la estructura económica, que ha incidido en la producción, en la economía, para, irónicamente, empobrecernos en medio del despilfarro de trabajo humano y de medios económicos, porque la economía del capital financiero estadounidense –que ha homogeneizado la producción y la economía mundial–, el complejo militar industrial (esa economía se ha construido y crecido mediante la conversión de la industria en la fabricación de armas de destrucción masiva y la consecuente intervención política en los asuntos de otros Estados y pueblos), hizo crecer a América, es decir, a Estados Unidos de América del norte, empobreciendo a las Américas del centro y sur continentales y a los Estados Unidos de Méjico. Esa fue la consecuencia de haber ganado la SGM –Segunda Guerra Mundial–.

La aceptación de la dirección estadounidense por los burgueses de Europa fue el mal necesario que permitió hacer grande América, mientras que ahora, el intento de Trump de querer reeditar la marca América no es más que la expresión de las contradicciones que los socios se vieron obligados a aceptar y que las luchas populares han empezado a des homogeneizar.

El modo de producción de mercancías está tensando la ley del valor porque si bien el incremento de la plusvalía es muy alto en las empresas punteras, es por el contrario muy reducido el número de trabajadores altamente cualificados, que generan esa plusvalía. El resto de la fuerza de trabajo es escasamente retribuido, subsistiendo precariamente, en tanto que la automatización y la inteligencia artificial reducen la incorporación de trabajadores a la producción (estas técnicas son una parte potente de la nueva estructura económica),de la misma manera que las redes sociales fabrican comportamientos electorales, y lo que es más grave, pone a disposición de gabinetes de expertos el comportamiento de masas, para poder cocinar políticas, por ahora, puntuales,, por eso es importante entender la actual quiebra del homogéneo grupo burgués producida como consecuencia de la preponderancia combinada, en el terreno económico –China– y el terreno político –Rusia– en torno a los acontecimientos en Oriente Medio, que lacera y carcome esa zona del mundo desde hace un siglo, porque, primero Europa, el imperio británico y Francia, apetecían su dominio y cuando sus fuerzas se agotaron tuvieron que ceder el testigo al vencedor de la SGM, como parte del botín.

GLOBALIDAD

Los historiadores valoran positivamente el descubrimiento del nuevo mundo. ¿Adivinen por qué?, nada más y nada menos que porque rompía tabúes y cuestionaba las enseñanzas de la Iglesia, y eso, en Europa supuso una revelación rompedora, ¿podría tomarse como el inicio de la globalización?.

Cuando se pronuncia esta palabra en un contexto político, se suele hacer como con cierto fastidio, como una fatalidad indeseada, algo con lo que hay que lidiar aunque sea molesto. En realidad este concepto es consecuencia de la actividad espiritual, intelectual del ser humano que ha buscado desde sus orígenes, traspasar los límites que le fijaban a un espacio. Es el deseo innato de conocer lo que hay más allá, de extender su influencia y conocer, saber, aprender y probablemente, sin esta cualidad, el homínido no se hubiese hubiese hecho humano. Fue esa actividad la que le hizo explorar, y con ella el comenzaron las exploraciones, los viajes, los intercambios, que rápidamente, devinieron en mercantiles, comerciales, y como no podía ser menos, guerreros, de conquista, de rapiña. El proceso histórico es pródigo en este tipo de sucesos.

La extensión de las exploraciones, en último término, de la rapiña comercial-belicista, ha ido pareja con el crecimiento imparable del proceso histórico, culminado en nuestros días con el pleno conocimiento social, político y económico de lo que ocurre en cualquier rincón del mundo, valorándose la importancia, la incidencia que tal acontecimiento pueda tener económica, política, social, científica, o del tipo que sea, dándose en llamar a esto, la globalida.

El conocimiento de habitar en un solo mundo que es patrimonio, de hecho, –para que fuese de derecho, debería haber un gobierno mundial–, de un reducidícimo grupito, en el que a penas cinco personas poseen tanto dinero cono algo más de la mitad más pobre del genero humano, sin que este hecho demostrable levante indignación, la indignación publica, porque, en definitivas el capital financiero y sus dueños manejan el mundo, sus recursos, sus destinos, a pueblos, cuyos riquezas apetecen acarreándolos como transhumancia humana mientras todos fingen que tales hechos son producto del azar, acontecimientos ineluctables semejante a las plagas bíblicas, cuando se sabe que tales acontecimientos se diseñan en oficinas siniestras, alimentadas con el fabuloso presupuesto del Pentágono, los mismos presupuestos que alimentan empresas de seguridad estratégicas que son viveros de thinktanks, esos laboratorios de ideas, donde se conspira contra el conjunto del género humano, o es acaso posible entender que una ínfima minoría acapare y atesore la cuantiosa cantidad de dinero que se reparten, a penas, cinco personas, como fruto de la habilidosa inteligencia para los negocios, cuando no es más que una calculada política para eludir, a veces, escamotear la riqueza generada socialmente y apropiada, mas bien robada, con triquiñuelas financieras, y canalizada hacia  las arcas privada de esos multimillonarios.

Esas oficinas siniestras, esos laboratorios de ideas, tienen que malmeter para crear tensión inventando enemigos, conspirando para producir atentados, fabricando guerras santas y enemigo, más inventados –no por ello menos terrible– que reales. Alimentar las fábricas del complejo militar industrial requiere fabricar enemigos, y para dar a estos un barniz de idealismo, de honestidad hay que inventar bushidos y yihad, apelando a la desesperación y el desarraigo de los jóvenes; no me parece en exceso casual, fortuito, que los expertos, los estudiosos del terrorismo señalen un barrio de Bruselas, Molenbeek, como sede del yihadismo internacional, y oh coincidencias, también Bruselas es sede europea de la OTAN-NATO. No parece difícil ni descabellado atar cabos y como dice un viejo refrán, piensa mal y acertarás, porque, como vengo sosteniendo desde este cuaderno de apuntes, Europa es una pieza fundamental para entender el devenir de la sociedad que la descomposición del capitalismo podría hacer aflorar, pues, es importante entender que el modo de producción mercantil esta agotado, ya que producción de mercancías se condensa en la producción de armas y dinero, mientras que la producción que la sociedad necesita, cada vez es menos accesible.

La globalidad del sistema es, en este sentido, el deformado aspecto de un noble impulso, que el modo de producción de mercancías, basado en la obtención de beneficio, de plusvalía, a cualquier precio que sea compatible con el despilfarro de trabajo del ser humano, con el desprecio a la naturaleza, ha emponzoñado el deseo de conocer, de romper límites, de traspasar fronteras para conocer, compartir, entender y avanzar, del que es necesario extraer enseñanzas, para corregir la deriva canalla, expoliadora y aunque el término levante desconfianza, recelo, incluso odio, la globalidad ha de ser rehecha y reconvertida porque la cantidad y calidad de la ciencia y de la tecnología aplicada a la producción y a los procesos de producción –las fuerzas productivas– ha alterado la vida del planeta, los lentos procesos vitales de la naturaleza, procesos que son el filtro natural que hacía compatible la vida, y que la industrialización, sin control ni medida, ha trastocado.

La misma vida social, configurada interiorizando conceptos y costumbres, vigilados por códigos escasamente actualizados –la superestructura, que regula la vida social– han quedado desfasados porque si bien, en el pasado podían tener sentido ya que la vida social latía con los ciclos de la misma naturaleza, hoy, la potencia de las fuerzas productivas y el increíble potencial que encierran, accesible solo a expertos, estudiosos, y por supuesto, al complejo militar industrial –el capital financiero– que paga esos costosos experimentos, toda esa ciencia, ha desactualizado esos códigos.

Tales códigos, los mismos que definían el comportamiento social, también definían los limites que durante siglos confinaron las fronteras de los Estados, naciones, pueblos, que hoy son violadas por el capital financiero imponiendo normas y leyes que no se discuten en ningún parlamento sino que se dictan en despachos muy alejados de las necesidades de esos pueblos y la política al uso no vale para rehacer la globalidad, para reinventar la globalidad, haciéndola, solidaria, humanizandola, desmercantilizándola, poniéndola al servicio de la comunidad, porque la razón de la fuerza del poderoso complejo militar industrial, dicta a que país se le ponen sanciones –ante el silencio de la O.N.U., muchas veces indiferente–, que son acatadas con sumisión, por unos aliados que tampoco escapan a la furibundia del capital financiero del complejo militar industrial, cuya llave controla el menguante liderazgo estadounidense.

CONSPIRACIÓN

La acción de unirse entre varios para entorpecer, dificultar, obstruir a otro para impedirle, arteramente, que pueda desarrollarse y mejorar es, en términos generales, una conspiración.

Habitualmente se ha entendido la conspiración como que tal acción se usaba contra el poder, especialmente si este era despótico o cruel, tiránico, o todo a un tiempo. Pregunto y me pregunto, ¿es posible conspirar contra la sociedad?, ¿es posible que una minoría poderosa conspire contra el pueblo, contra la mayoría (fuente de poder y legitimidad), contra la base social que configuran los Estados; contra la sociedad? Veamos, que dijo un ciego: “El 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo” (titular de un periodico de 2015); “Tan sólo 8 personas (8 hombres en realidad) poseen ya la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad.” Informe Oxfan de enero de 2017. Esto, sin más es muy elocuente.

Sin discutir –que se podría– la inteligencia de los que se dedican a hacer dinero, que una reducidísima élite sea tan rica como para tener tanto, modestamente, me resulta increíble a menos, imagino, que exista un entramado bien organizado (¿SWIFT?) para canalizar los cuantiosos flujos de dinero hacia cuentas concretas, sean estas de poderosos industriales o de autoridades políticas –que, necesariamente debe encerrar connivencias–, pues si existiesen canales para vigilar que la generación de plusvalía se hiciese cumpliendo escrupulosamente normas y leyes –que se incumplen– distribuir la riqueza generada socialmente, tal vez, sigo imaginando, los ricos serían un poquito menos ricos, y los pobres menos pobres.

Es decir, existe una conspiración; más bien, intentando ser preciso, existe una práctica conspirativa generalizada, desde todos los ámbitos del poder, sea este público –político– o los poderes de hecho, creo que se dice stablishment, empleando el vocablo de los negocios, en las sociedades democráticas, para mantener en la inopia a la mayoría social.

La conspiración, en la sociedad industrial semeja una hidra de con múltiples cabezas, una práctica diversa y descentralizada, como digo, en los ámbitos en los que se desenvuelve el poder, sea este el que practica el capital financiero o el que se deriva de este con los poderes públicos, con una tendencia común que es la de mantener apartada a mayoría, de los centros susceptibles de sentir la presión de la mayoría, la fuerza que esas mayorías pudiese ejercer para demandar políticas públicas favorables. Solo de este modo es posible entender que los diez últimos años de profunda crisis económica, esta se haya salvado a base de recortes, donde el capital de los Estados se ha transferido a los bancos y de ahí a las cuentas privadas de esos nuevos millonarios producido por una distribución, tenida por legal pero tramposa e injusta que ha convertido a los Estados nacionales, especialmente europeos, en deficitarios, estando algunos –Italia– filo de la bancarrota.

Pese a las evidencias, negadas por políticos displicentes, pese a las consecuencias que un mundo globalizado por el predominio del capital financiero de Estados Unidos ha conseguido, cuando la situación política, en los lugares donde el complejo militar industrial, prevé desajustes que pudieran alterar un statu quo crítico, la conspiración pierde, digamos suavemente, las formas políticas aceptables para tomar tintes radicales y sangrientos, como, por ejemplo, Yacarta 1965 –creo que existe una película que los propios realizadores decidieron apartarla de los circuitos comerciales por su crudeza–.

No ha sido la única conspiración, sangrienta, pues ocho años más tarde, el golpe de Estado contra el gobierno de Allende, en Chile produjo una nueva matanza. ¿Es necesario mencionar Argentina?

El magnicidio de John F. Kennedy es, igualmente, parte de una conspiración, aunque el informe Warren lo reduce a la acción de un solo autor sin cómplices. Una película retrata el magnicidio, con gran despliegue de información (1973, Executive action, protagonizada por Burt Lancaster y Robert Ryan). Esta, una historia bien articulada, en la que Burt Lancaster hace de malo con escrúpulos, cuando menos pone en antecedentes que algo como eso es imposible que pueda suceder sin una red de complicidades y por supuesto, con mucho dinero de por medio.

Cerraremos esta serie de acciones de conspiración con la más notable de ellas, el atentado de 2001 en el W.T.C. de Nueva York. En la red hay una considerable cantidad de información de diversa calidad, porque el informe oficial de la comisión de investigación no ha convencido a los expertos que ven una sucesión de cabos sueltos, hasta el punto que estos constituyeron una asociación para esclarecer la verdad. Si esa asociación u otra pudiera demostrar la falsedad del informe, si la destrucción de las torres gemelas del W.T.C. se verificara que fue producto de una conspiración, el propio gobierno se vería obligado a dar explicaciones porque el principal objetivo de ese atentado sería implicar a la nación estadounidense en la aventura del capital financiero impulsando una supuesta ofensiva antiterrorista que permitió endurecer las leyes y dificultar, limitar las libertades políticas de la ciudadanía, no solo en Estados Unidos, sino en todos los países democráticos, porque estaríamos en presencia de una campaña internacional contra los pueblos del mundo.

UNA ALTERNATIVA GLOBAL CONSCIENTEMENTE ASUMIDA

La matemática tiene una virtud poderosa que radica en la necesidad de la demostración. El que hace una propuesta no puede zafarse de la demostración arguyendo el prepotente “porque yo lo digo”, está obligado a demostrar, de la a, a la z, la proposición echando mano de las herramientas, que esa disciplina dispone. Esta idea es la que me guía a la hora de describir la realidad que percibo. Espero acertar.

Decía más arriba que el sistema recorrido por el modo de producción de mercancías roza los límites que le hacían útil al conjunto humano aunque el principal beneficiario, la burguesía se haga cada vez mas rica y la acumulación sea cada vez mayor, porque esa acumulación anula la ley del valor, que es la que da sentido, validez histórica, al modo de producción de mercancías. Que sus intereses están quebrados por las luchas desarticuladas de las clases populares, en diversos lugares, pero esa realidad no basta para convertirlas en la punta de lanza de un cambio profundo, capaz de cambiar el sistema. Los sindicatos obreros, que tradicionalmente lideraron las luchas de clase, han estado y están desaparecidos. En diez años de crisis económica, no resuelta, las propuestas lideradas por ellos en Europa, el territorio más organizado por la lucha civil –por tanto más peligroso para el capitalismo– está brillando por su ausencia, lo que da una idea de la profundidad de la derrota de la socialdemocracia, y de la imposibilidad de rehacerla a escala nacional, limitando así que la ciudadanía tome consciencia.

Esos límites (la contradicción entre el interés de clase –de la burguesía en su conjunto, que dirigía USA– y el interés nacional, en la que cada burguesía trata de sacar la mayor ventaja) se están volviendo peligrosos, ya que la guerra de aranceles, la guerra comercial solo puede resolverse mediante la guerra militar, y la obsesión del complejo militar industrial de querer seguir liderando el mundo, obteniéndolo todo, sin ceder en ningún terreno, está en un callejón sin salida, porque la confrontación militar no puede llevarse a efecto porque supondría el final de la especie humana, algo que todo los actores, tratan de evitar. No obstante, tanto USA como China están obligados a subir la apuesta, bordeando el choque directo. Un choque directo que podría tener lugar de variados escenarios, el más obvio, si USA persiste en hacer de China el objetivo a batir, por la potencia comercial que esta representa sería el Mar de China Meridional, principalmente por las islas que china convierte en portaaviones, sin embargo, Oriente Medio, es el objeto que ya esta bajo el fuego de la coalición del bien machacando Yemen y intentando en Siria volver a abrir la guerra, sin olvidar Irán convertida en la obsesión personal del presidente Trump.

Europa merece atención especial, en este terreno dada la atención que el pentagono-yihadismo le ha dedicado a los Estados europeos, tocándolos todos en mayor o menor medida, pues una Europa convulsionada por atentados frecuentes, leyes de excepción sería ideal para manipular una opinión pública muy desidenologizada, es lo primero que pienso cuando veo este tipo de mapas, que resaltan lo que fue origen de un continente y que permanece dividido por la claudicación y la cobardía de la socialdemocracia incapaz, cuando tal vez pudo hacerlo, dando cima al proletarios de todos los países uníos.

Es en exceso suponer que esta disyuntiva no se perciba, pues al menos, los contendientes lo saben, y lo saben los segundos y terceros Estados que se alinean a un lado u otro. También lo sabe la izquierda pero esta carece de un proyecto propio, de un programa u hoja de ruta, porque no sabe cual es la ruta ni a donde quiere ir. Más claramente, sabe que cualquier camino implica la ruptura con el sistema, y un mundo nuevo no lo puede ni lo debe pensar un solo actor, sea un partido o nazca en un Estado, ha de ser la obra conjunta de todos los que ahora, en este momento están luchando en el mundo

El soporte más preparado del movimiento obrero internacional, la socialdemocracia, se deshizo tras dos guerras mundiales libradas en el territorio europeo en un corto lapso de tiempo de, apenas 20 años. Sus teóricos más prominentes fueron asesinados o murieron en un corto espacio de tiempo; los que siguieron vivos emprendieron el camino de la retirada, desdiciéndose.

Si la primera guerra mundial fue el inicio de la traición, la segunda fue la alineación de los superviviente, de los dirigentes, de los cuadros principales y medios, que son los que dan solidez a una organización, con los burgueses, con sus concepciones sobre la producción, el mercado, la economía al servicio de un mercado, en el que la libre confrontación de la oferta y la demanda es pura ficción, pues la demanda se fabrica a la medida del capital financiero, y la oferta se limita, de igual modo. El entramado de organizaciones financieras, comerciales, productivas, científicas están recorridas por el interés de la burguesía dominante que fue capaz de dictar sus normas e imponer su moneda.

Este ha sido el panorama durante buena parte del siglo xx, cuando el crecimiento de las fuerzas productivas ha terminado por globalizar el mundo, la economía, y consecuentemente, los problemas derivados de la socialización perversa (comtaminación general, expropiación de recursos movilizando población y dirigiéndola a Europa con evidente interés como factor de desestabilización social), y de la privatización de los increíbles beneficios, que los informes de Oxfan presentan con rostro humano.

La aplicación de la ciencia y la tecnología a la producción y a los procesos de producción ha terminado especializando a esta en la producción de una mercancía mortífera –armas de destrucción masiva– con un mercado muy limitado, solo apto para un puñado de compradores títeres, de Estados feudatarios, dependientes, que hacen rehenes a naciones y pueblos.

La lista puede ser mucho más amplía pero creo que es suficiente para plantearnos una pregunta capital, cuando las fuerzas productivas han globalizado al mundo y sus problema ¿Tiene la izquierda alternativa? ¿Vale una alternativa nacional, estatal? Cuando en la economía, la inteligencia artificial y la robótica hacen crecer el ejército de reserva ¿No se está cuestionando la ley del valor, fundamento del modo de producción de mercancías? ¿Es consciente la izquierda que la respuesta exigida tiene que ser la alternativa al actual modo de producción? ¿Es la izquierda consciente de la necesidad de elaborar una respuesta internacional –cuando menos europea– capaz de elaborar y presentar una respuesta común, en la que la sociedad sea sujeto activo?

Es posible creer que los antecedentes históricos solo son útiles para los profesionales estudiosos de la historia, pero la política está sólidamente unida a ella y el peso de la derrota, de dos guerras mundiales, no gravita en uno más que en otros. Lo hace sobre todos sin diferencias y los dirigentes están obligados a dar explicaciones sin echar balones fuera, asumiendo que sin arrostrar un proyecto común, asumido consciente, responsable y solidariamente en un mundo globalizado, que la ciudadanía palpa y siente, cualquier propuesta pierde sentido y credibilidad ante unos medios publicitarios que pintan un falso mundo feliz, cada vez para menos.

No es posible ir cada uno por libre porque la globalización tiene la lógica de exhibir su fuerza sin sujetarse a convenios humanos: Fukusima y Chernobil son ejemplo de fuerzas desatadas. La potencia de las fuerzas productivas y el potente cambio de la estructura económica impone límites a la producción, la globalización de la economía dolarizada exige la sustitución por una moneda común, pactada libremente por los pueblos del mundo, como buen ejemplo de esa posibilidad es la que exhibe la cadena de bloques, que tan positiva le resulta al bitcoin, por cierto, una debacle social tiene más posibilidades de suceder por una crisis financiera que por una guerra, y todo ello son síntomas que revela un sistema que ya no es útil al conjunto humano.

Todo ello me lleva a pensar que dado la calidad de los problemas la solución no puede venir, como en tiempos pasados, abriéndose paso, las soluciones, entre los intersticios del caduco y agonizante modo de producción precedente, sino que requiere la sagacidad y voluntad política de los que quieren un nuevo mundo mejor para todos.

CONCLUYO

Nunca he votado al PSOE, una militancia radical me ha llevado a la idea de la imposibilidad de esperar nada bueno pero reconozco que Pedro Sánchez está queriendo hacer una política favorable para la mayoría desfavorecida y eso ha disparado todas las alarmas del fascismo dormido desde el momento que ha tenido el valor de coger la patata caliente, que otros predecesores ideológicos tuvieron cuidado de sortear, decidiendo sacar el cadáver de Franco de Cuelgamuros. Una vez emprendido ese camino, el gobierno debería tomar la decisión de llevarlo a un lugar secreto sin dar cuentas a la familia, pues esta demanda fanfarria –honores militares– constituyéndose en continuadores del golpismos, avalados por mil firmantes de las fuerzas armadas, que el ejecutivo debería licenciar sin pérdida de tiempo.

La forma de Estado debe ser traída a debate –es una idea que un gobierno salido de las urnas con una mayoría incontestable– debería abordar sin perdida de tiempo, para cerrar el nefasto y nefando golpe franquista que arruinó la República Española.

Son cuestiones a tomar en consideración, no solo por el ejecutivo sino por toda la sociedad, pues no hay que confiar en tener muchos avisos.

jmrmesas

siete de octubre de dos mil dieciocho






domingo, 4 de marzo de 2018

CONSTRUIR EUROPA O EURASIA




CONSTRUIR EUROPA O EURASIA
¿UN CONTEXTO DESVAIDO?

UNA GRAN NACION INVENTADA DESDE CERO

Me parece oportuno comenzar poniendo en el centro de esta reflexión a la nación estadounidense para tapar la boca de los que se esfuerzan en poner el nacionalismo como motor de una movilización progresista, incluso de izquierdas, porque algunos, entre los que me podría encontrar entre otros, ponemos el énfasis en la profunda crisis del sistema capitalista, a la que otros luchadores y profundos conocedores del entramado del sistema, con muchas lecturas, apenas ponen atención, dando la impresión de que este modo de producción, podría tener otros quinientos años de cuerda antes de hacer mutis por el foro.

Estados Unidos es esa nación inventada por los europeos emigrados de todos los rincones de Europa dispuestos a tener un lugar al sol –imbuidos de las ideas y sentimientos de la época, mataron y exterminaron a los anteriores naturales del territorio –, porque la civilización, de la que eran portadores, justificaba el dominio de la civilización cristiana sobre cualquiera otra. Todo el discurso sobre la necesidad de valorar y reforzar los lazos identitarios se revelan, cuando menos, poco creíbles, cuando no, insustanciales porque lo que contó –en aquella ocasión– y cuenta, en el convulso y cainita ajetreo de la lucha de clases, es el factor político del grupo principal –los padres fundadores, en aquel caso (ahora las decisiones del capital financiero dominante) y la huérfana clase obrera, hoy–, dispuestos a construir ese invento nacional que se concretó, en apenas un siglo, en los Estados Unidos de Norte América.

Paso el tiempo y los acontecimientos históricos generaron otra nación inventada, que demostró ser tan eficiente y poderosa como la primera pero concitó el temor de unos y la admiración de otros, porque unos veían al enemigo a batir y otros, el modelo a seguir, fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y entre esas dos naciones inventadas se estructuró el siglo veinte desde entonces hasta el momento presente. Que predominara la primera, sobre la segunda puede ser y es materia de una interesante controversia –que no es nada académica, y que se produce a diario, no obstante, envuelta en dolor, penurias y sufrimientos inventados (la pobreza inventada, de diseño), ante la perplejidad del mundo–, que el movimiento obrero necesita abordar porque encierra lecciones durísimas que en la izquierda, muchos pretenden ignorar, pero que forman parte del fragmentado mundo político del movimiento obrero mundial, carente de dirección, instituciones de análisis (thinktank, antes se denominaban ateneos obreros), de unidad para la lucha y dirigentes capaces de asumir esa dirección que acarrea incomodidades, sinsabores y a veces, peligro mortal, pero que es necesaria, porque el mundo actual que asumía, a regañadientes y con reservas, la dirección de los Estados Unidos, desaparecido el peligro, que nunca lo fue, de la dirección de una revolución mundial (hay que tener mala bilis para asimilar a Trotski con Soros) dirigida desde el Kremlim, ha entrado en crisis porque, primero, el modo de producción de mercancías, desaparecidos una cierta manera de cortesía social, que el incesante cambio de las relaciones de producción va borrando del comportamiento humano tensa las contradicciones entre las clases, dentro de las clases, entre los pueblos, en la sociedad; segundo, el propio modo de producción, basado en la obtención de plusvalía, reduce la importancia del trabajo asalariado (y esta contradicción, es la que limita el tiempo de vida del sistema de producción mercantil); tercero, los Estados-nación se desdibujan (Europa) y la formación de Estados capaces de dar respuestas a las necesidades políticas de la sociedad moderna encierra el peligro, para la burguesía, de perder el control del imaginario colectivo, sin tener una alternativa, por tanto, anular, someter, desmontar la vieja Europa es fundamental para la élite del capital financiero dominante, porque una parte del complejo militar industrial vería con alivio, y tal vez fabula dirimir las tensiones interimperialistas en el escenario histórico de las anteriores guerras mundiales. ¿Será necesario señalar? Cuarto, a lo largo del proceso histórico, los diferentes modos de producción que se han ido superponiendo, uno sobre otros han acumulado riquezas, que en ultimo término redundaban en una mejora social, de ahí el énfasis de Marx en el crecimiento de las fuerzas productivas como motor de innovación de las relaciones sociales, relaciones de producción (y no solo en las consecuencias técnico-científicas, que habitualmente se quieren entender), y como estas se ven, en cierto momento histórico, detenidas, impedidas de alcanzar nuevos estadios por la superestructura jurídica, que en ultimo término son las relaciones de propiedad, por eso, cuando reconoce que el intercambio de trabajo vivo por la mercancía (trabajo objetivado) es el último desarrollo de la ley del valor, y que la medida de este valor es el tiempo de trabajo, está señalando el tiempo de vida del modo de producción de mercancías, está profetizando su final, del que por cierto, ningún analista se atreve, osa basar sus análisis, porque nadie se los compraría, ¿tiene sentido, entonces, estimar el automatismo, el rol de la inteligencia artificial en la producción? Creo que tiene todo el sentido, porque el modo de producción que sea alternativa al modo de producción mercantil, no se podrá superponer a los anteriores sino que tendrá que implicar una ruptura, que fue lo que no ocurrió en la ex URSS, y aquella inconsecuencia, aquella incongruencia fue la que sirvió a la reacción pro burguesa para carcomer desde dentro al nuevo Estado obrero, porque si se superpone, porque si no se rompe, para cortar todos los lazos con la mercantilización, la pauperización, consustancial con acumulación, se revela como necesidad política para dominar a la sociedad, por eso, en nuestra época, la contradicción escuece, porque es inocultable y se percibe como interesada y artificial. Por eso, la pobreza actual, es inventada.

LA LEY DEL VALOR
UNA MODESTA APROXIMACIÓN

Partiremos de algunos supuestos. Creo que podríamos considerar al modo de producción de mercancías, para que el problema me resulte más fácil de manejar, en su globalidad, en vez de mirar la producción de tal o cual lugar, como primer supuesto. El segundo supuesto será aceptar que los robots y automatismos no crean plusvalía. Tercero, que la plusvalía la crea el trabajo vivo, y que este reproduce la inversión que supone su coste en una fracción del tiempo de trabajo siendo el tiempo de trabajo restante, hasta completar la duración de la jornada, trabajo no pagado, es decir, la plusvalía generada. Podríamos establecer una interrogante como cuarto supuesto, ¿si la generación de plusvalía se agota, porque no existe trabajo asalariado, ya que los robots harán todo el trabajo, estaremos condenado a la pobreza absoluta?

Convendremos que en los ciento diecisiete años, aproximados que van desde comienzos del siglo xx hasta la fecha, la estructura económica del modo de producción de mercancías habrá variado sustancialmente, pero tomando en cuenta la tecnología de esas fechas, podríamos suponer que el modo de producción (comienzos del siglo xx) dependía casi en su totalidad de la fuerza de trabajo, siendo la plusvalía la principal creadora de la riqueza (la renta de la tierra y el interés no lo tendré en cuenta porque presentar su desarrollo me supera), sin embargo, será interesante entender la velocidad con la que se han producido los cambios en la estructura económica, que a grandes rasgos, cualquier interesado puede apreciar mirando simplemente una cronología, notando como se acumulan inventos que en poco tiempo se introducen en la producción, en la industria, pues estos cambios de la estructura económica tienen una traducción en el seno de la sociedad en el sentido de escoger y priorizar los valores que determinan el espíritu, el imaginario colectivo, y en este proceso se puede notar como ha ido perdiendo puntos el ser humano, mientras sutilmente –esta sutileza —. ¿Habría sido dirigida? Apostaría que sí– lo han ido ganando los valores que la burguesía ha querido priorizar, el crecimiento económico a cualquier precio, y en este precio, las guerras de rapiña han tenido una importancia determinante, primero, porque ya en el siglo xix las guerras en Europa consolidaron el desarrollo de la industria, igual que la guerra civil en Estados Unidos potenció el desarrollo industrial del Norte, contra la burguesía algodonera del Sur, y en este proceso, que para el ciudadano corriente es inapreciable, se han ido tensando las contradicciones sociales, aún posibles de disimular desviando el foco para que –estas contradicciones– apunte al individuo, a la diferencia cultural y racial, al género, pero nunca a las clases, nunca al leonino reparto de la riqueza generada, ni al derecho de propiedad y en Estados Unidos estas contradicciones son terribles porque alberga a la minoría rica más poderosa, donde el derroche, la ostentación, el lujo contrastan con la pobreza y su marginación, produciendo choques, cada vez más difíciles de evitar.

Finalizando la segunda década del siglo xxi, podríamos aceptar que el nivel de desarrollo del modo de producción de mercancías esta adquiriendo cotas de automatismos muy notables (que no tiene que ser necesariamente algo malo, negativo) empujándonos, como conjunto humano, como sociedad a plantearnos qué hacer. La publicación estadounidense del MIT, Technology Review recoge la opinión de un importante ejecutivo chino preocupado por la competencia entre EEUU y China acerca de la importancia de la inteligencia artificial aplicada a la industria (es justo decir que estar informado sobre la marcha del mundo, algunos medios facilitan mucho la información general, internacional, RT, de donde extraigo la noticia y Busines Insider, mientras Público es la información nacional, habitualmente). Mi planteamiento es: cuando la cota de automatismo llegue al 75% u 85%, algo que parece tan cercano –para los que hoy tienen 20 o 25 años–, ¿qué generará la plusvalía? Evidentemente el sistema, como productor de mercancías se habrá acabado porque al no haber plusvalía, la fabricación de mercancías, cuyo objetivo es el valor de cambio pierde todo significado, pero entonces, ¿qué sentido tiene la acumulación de capital?, pues este no se utiliza (la contabilidad que se puede rastrear en la prensa la cifran en billones de dolares, más de cien) en crear empleo, se atesora para evitar que la sociedad crezca cultural y espiritualmente, deteriorándola mediante la pobreza inventada. ¿Estará, la élite mundial, queriendo inventar un mundo a la medida del uno por ciento? ¿No será el momento de exigir ser tenidos en cuenta como seres humanos? ¿No será el momento que los grandes planteamientos de filósofos, humanistas y pensadores, sobre el sentido de la vida, del ser humano, se aborden en un foro no elitista, no excluyente, de forma colectiva? ¿Cual es nuestro futuro? ¿Cual será el rol de la sociedad, comparsa, actores?

ESTADO Y SUS LÍMITES

La burguesía tiene dos caras. Una, reconocible sin disimulo es la de la economía, la producción, los negocios, la banca, las finanzas. Otra es la de gestor de los asuntos públicos, la política, donde, obligatoriamente ha de disimular su condición de clase para encubrir, que su gestión, aunque estuviese libre de corrupción, está dirigida a beneficiar a la clase a la que pertenece, socapa del bien común, y lo que da coherencia a la burguesía es disponer del Estado, su Estado. (el PP no abandonara el gobierno porque sabe que su abandono podría dejar al descubierto hasta donde llega la corrupción)

La característica definitoria del Estado, cualquier Estado, es imponer normas y reprimir comportamientos que las contravengan, pero el Estado, merced a los cambios funcionales que impone la producción social de la existencia humana, ha tenido que ceder competencias en terrenos que antes eran de su exclusiva dirección. En el terreno de los negocios, economía, finanzas, comercio, producción, etc., el regulador es el mercado y los acuerdos internacionales sobre estas materias imponen comportamientos que no pueden ser impunemente vulnerados, y que los Estados nacionales europeos y equivalentes aceptan, porque es una especie de macro Estado que cuenta con organizaciones oficiales especializadas, y las sucesivas cumbres oficiales y oficiosas en las que coinciden amigos y enemigos tienen funciones capitales, como es organizar el vaciamiento de las arcas publicas, organizar la pobreza y la transhumancia humana y aun y más importante, comprobar el sentido de las relaciones de fuerza entre ellos. Sin estas cumbres hubiese sido imposible que el uno por ciento se haya hecho con la riqueza del planeta, una versión aquí, dos aquí, tres aquí.

La burguesía no desaparecerá, no perderá su poder sin utilizar todos los medios a su alcance –legales o no legales– para impedir su desaparición como clase, y esto significa, que impedirá los focos de consciencia política, a como de lugar, aplastando cualquier muestra disconforme, por tanto, vigila escrupulosamente Europa, sus problemas de cualquier índole, porque si a la burguesía, en su faceta de esforzados políticos, el control y manejo del Estado le aporta coherencia, al proletariado, a la clase obrera y sus dirigentes, sean estos obreros o doctores científicos, la coherencia y la cohesión la aporta el proyecto político que el partido, la internacional lidera, y esta carencia nefasta, esta realidad eludida, la izquierda desarticulada, derrotada, parcelada en sus Estados nacionales decadentes, feudatarios del capital financiero dominado por EEUU (Francia sufrió en las carnes de sus ciudadanos el comportamiento, diré, independiente, de su actuar en Siria, y la legion extrangera USA, el terrorismo yihadista dejó su tarjeta de visita, en numerosos lugares), evita mirarla de frente, pero esta característica, el internacionalismo obrero, preterido, olvidado, borrado por el revisionismo bernsteiniano, por la traición y toneladas de tinta de los propagandistas y publicistas burgueses, que es el reverso combativo del globalismo burgués, que trasciende el aspecto económico, con el que nos lo suelen presentar el globalismo, requiere, de los luchadores honestos, darle respuesta, a la mayor brevedad posible, recuperando la utopía del socialismo científico y levantando, formando un nuevo pueblo en el corazón de Europa y vocación internacional.

Hay una coincidencia curiosa en el acuerdo de dirigentes políticos, sociólogos, periodistas de variado cariz, al expresar su creencia opinando que Europa está vacunada contra la revolución, que de Europa no pueden esperarse soluciones, que estas vendrán de otros lugares Asia-Pacifico, en términos económicos, América del Sur, en el terreno político. En este caso, discreparé del señor Formenti que cree que América del sur está, políticamente, mucho más avanzada que Europa, su articulo aquí. La burguesía, el capital financiero, al tratar por todos los medios de desarticular a la sociedad europea a través de utilizar canales dudosos, opacos, para sojuzgar la vida humana, sea organizando el terrorismo, sea organizando la transhumancia de personas (pues los refugiados son la consecuencia de expulsar de sus naciones, apetecidas por el capital financiero, a sus habitantes naturales, despoblando territorios –más fáciles de atacar y expropiar– más fáciles de montar gobiernos de conveniencia), utilizando a través de esas vías opacas a las mafias consentidas y conniventes –los bancos y sus paraísos conocen que ciertos flujos financieros tienen una procedencia delictiva, pero el dinero, no huele–, entrando en el tenebroso entramado de relaciones inconfesables, pero de indudable utilidad para organizar la transhumancia humana, dicho con respeto y solidaridad, con los desplazados, pero con la combatividad necesaria de quienes en cómodos despachos organizan la despoblación, volcándola en Europa, no para acogerla, sino para pudrir una difícil convivencia, en el seno del viejo continente.

Lo que digo puede ser discutible porque lo que avanza en Europa es la burguesía y el neo fascismo, pero movilizar a la clase obrera es mucho más difícil porque para ello se requiere un proyecto alternativo a la sociedad burguesa. Que Lenin hiciera la revolución contra las tesis marxistas, no implica que vaya a sonar la flauta siempre del mismo modo, y la disposición a la lucha no exime a los luchadores de planificar estrategias y alternativas, y todavía más, difundir y propagar los valores solidarios combatiendo el individualismo feroz del sistema, que se apropia del esfuerzo colectivo creador de riqueza y la sociedad burguesa a la que hay que superar requiere presentar ante ella un proyecto ilusionante, solidario, comprometido con el cambio social, basado en hechos que puedan ser contrastables desde los inicios. Programas apenas distinguibles hacen que el pueblo trabajador pueda ser embaucado por los medios, que el empresariado, gustosamente, financia, de forma, cuando menos dudosa y retorcida. Si la gran industria –sus empresas transnacionales– utiliza la ciencia para crecer, y durante el siglo xx la competencia se sometió a la disciplina impuesta desde Washington, si la globalización es una suerte de socialismo inverso, alentar la posibilidad de dar una respuesta alternativa desde la estrechez del marco nacional es una, cuando menos, incongruencia. Si la izquierda quiere dar una alternativa al agonizante modo de producción mercantil tiene que hacerlo constituyéndose en una unidad, un único cuerpo. Un ser humano desmembrado ni siquiera es un cadáver, es un despojo. La izquierda, reducida al feudo nacional es un despojo, inútil porque no puede elaborar una alternativa, ya que es impensable imponer criterios a otros en medio de contradicciones culturales y sociales mucho más teniendo en cuenta que la burguesía en Europa ha tenido que articular una unidad –la Unión Europea–, a la que no se atrevió ni se atreve a gobernar como un único Estado por temor a la sociedad europea, por temor a sus pueblos. El capital financiero teme como la peste una repetición del socialismo soviético inimaginable en Europa. Teme una EBPOПA rusa, y eso es inimaginable porque las condiciones son otras y la experiencia histórica cuenta. NO volverá a verse un socialismo donde la élite administrativa o la élite política se arrogue el derecho a decir, ni sobre la economía, ni sobre geopolitica, ni sobre la sociedad porque se levantarían de sus tumbas todos los asesinados por la burocracia soviética para gritarnos, para impedirnos volver a cometer el funesto error de asentir como comparsas, porque tenemos ante nuestros ojos el compendio, el resumen de aquella traición, en la figura de los nuevos ricos, la neoburguesía rusa que se apoderó de la revolución levantada con el esfuerzo de la clase obrera mundial. Los procesos de Moscú donde la burocracia asesino a honestos militantes, solo por el hecho de discrepar del líder o del partido es irrepetible, pero lo que teme el capital financiero mundial no son una repetición de esos procesos, lo que teme el capital financiero mundial es que Rusia domine Europa, que Estados Unidos quede aislado, contenido entre Méjico y Canada, que las cambiantes relaciones de fuerza convierta a Europa en aliado incondicional de Rusia, un desvarío capitalista, porque si bien Rusia nunca ha invadido Europa, Europa –Napoleón y Hitler– sí invadieron Rusia, y lo que ésta ha deseado históricamente han sido unas relaciones comerciales y culturales cordiales con Alemania y con Francia, es decir, con Europa. El temor a una Europa rusificada carece de fundamento, mucho más probable podría ser una europeización de Asia, y como hipótesis nada descabellada probablemente, un cambio en la relación de fuerzas impulsadas desde abajo, donde el rol de la clase obrera fuera determinante, pudiera hacer realidad este supuesto.

Resumiendo podríamos decir que los límites de los Estados son variables, que ejemplos como los Estados de Oriente medio hechos con tiralíneas por los eficientes funcionarios del imperio británico Sikes y el francés Picot, han de ser rehechos porque son apetecidos por el capital financiero dominante, que los Estados europeos se mantienen, solo como como contenedores de una sociedad europea muy interconectada que los políticos no se atreven a gobernar como una única sociedad multicultural porque teme que la podredumbre de la corrupción y el vaciamiento de los caudales públicos queden al descubierto siendo contestada por una sociedad proletarizada, culta y preparada, dejando en evidencia a la izquierda socialdemócrata teniendo esta que mostrar de nuevo su disposición a ser la voz de su amo incapaz de abanderar la construcción de una ciudadanía multicultural, multiétnica, solidaria, participativa, vigilante y preparada.

Que todos los experimentos financieros hechos desde 1971, con el abandono del patrón oro por Nixon, al que han seguido los nuevos experimentos con monedas virtuales –bitcoin y otros– no es más que nuevas demostraciones de cesiones de competencias, que antes eran estatales, dejada en manos del macro Estado que es el mercado para acelerar el empobrecimiento, y eventualmente, una crisis, sin solución.

Que la invasión de territorios sin previa declaración de guerra es la demostración que evidencia la asumción (asumir) de policía global de la potencia ganadora de la SGM.

Que los organismos internacionales –ONU, WTO, etc.– están al servicio de la potencia mundial porque las burguesías europeas asumieron su condición de vasallos.

Que el crecimiento de las fuerzas productivas están al servicio de la creación de medios de producción de muerte y destrucción (armas de destrucción masiva), y que pueden utilizarse, sin pudor a la mayor gloria de los que utilizan nuestros recursos en agigantar las cuentas corrientes y el ego –Elon Musk, la costosa publicidad de su coche y su cohete lanzador–, vienen a corroborar, que las fuerzas productivas, analizadas en detalle, demostrarían que el innovador se apoya en una ingente cantidad de esfuerzo colectivo, entre los que estaría una inventiva, muchas veces desinteresada, que el emprendedor, se da prisa en aprovechar, sin dar las gracias, siquiera.

Que este crecimiento exponencial no nos acerca al socialismo, porque este paso implica una ruptura consciente, y esta conlleva la recuperación del internacionalismo obrero y su partido: la internacional obrera.

Finalmente sería desairar a los sinceros independentistas catalanes silenciar la incoherencia de su lucha. Si el republicanismo catalán fuese serio no podría ser un problema local sino que los republicanos catalanes serían la punta de lanza del republicanismo español porque, siendo serios y conscientes, se entiende sin gran esfuerzo que no es posible conseguir un logro histórico, reduciéndolo a la mínima expresión; pierde todo el significado y la República de Cataluña se convierte, automaticamente en la broma de tabarnia, por tanto, si el republicanismo catalán fuese serio, un sentimiento acendrado y no un problema de pelas la situación sería muy otra, porque cuando la antigua dirección ha pasado por la judicatura, desdiciéndose ¿Qué sentido tiene un gobierno en Bruselas? ¿El exilio? ¿Incapacidad del independentismo para hacer bandera de los cambios sociales, diluidos en el procés? ¿No revela esta lucha del independentismo la subordinación de la izquierda a las iniciativas de la pequeña burguesía?

EL SOFTWARE DEL AUTÓMATA

El cuasi exponencial crecimiento de la industrialización acontecida en los últimos doscientos años, unida a la inveterada costumbre de arrojar los detritos afuera sin reparar en las consecuencias ha terminado deteriorando el mecanismo natural capaz de regenerar esos desperdicios. Flora y fauna oceánica y terrestre son incapaces de procesar toneladas de aire contaminado y aguas corrompidas porque la gran industria, al este y al oeste han decidido pasar a la sociedad, a todos nosotros, el coste del deterioro.

No es posible pensar en cambios sociales profundos que no contemplen el respeto hacia la naturaleza; su flora y fauna necesitan espacio, tiempo e inversión, porque los humanos al alterar su habitat natural deben, cuando menos reparar y proveerles de las condiciones que hagan posible su existencia.

Tiendo a considerar el planeta como un autómata primitivo, perfectamente capaz de sobrevivir en las condiciones primigenias, pero estas condiciones han sido alteradas a lo largo del proceso histórico, desajustando el programa natural, al que llamaré, haciendo uso del popular y conocido término inglés, software.

No es posible aceptar –me niego– que el proceso cosmogónico haya creado la inteligencia y esta acepte sin opción la desaparición propia sin buscar alternativas. El propio desarrollo de la ciencia, desde los orígenes remotos en el creciente fértil, el valle del rio Amarillo, en el valle del Indo y el propio origen humano en África, revelan que la vida, portadora de inteligencia, busca encontrar respuesta a la desasosegante intriga que, en los seres humanos causa la incertidumbre, el no saber acerca del origen de la vida, de la inteligencia.

La incesante búsqueda de la ciencia especializada, profesional queriendo descubrir el origen de la materia, evidenciaría incongruencia si aceptaran, indiferentes que el cosmos es una pulsión que va y viene, y que en ella desapareceremos. Aunque aceptemos que la inteligencia puede tener lugar en otros puntos del universo, por lo que a la especie humana toca, la ciencia ya ha abordado el tema y un cientifico del ya desaparecido imperio del mal, Nicolai Kardashov, ideó una escala para medir el grado de desarrollo de una civilización; según esa escala, estaríamos a 0.7?... de llegar al grado I (civilización tecnológica capaz de utilizar eficientemente todos los recursos del planeta). Mis lecturas, en este punto, son meramente aproximativas, pero entiendo que ese autómata –el planeta–, con una, digamos, disposición intestina capaz de producir convulsiones y catástrofes, terremotos y plegamientos causante de desastres cruentos y costosos, son inasumibles. Una sociedad poseedora, dueña de las fuerzas productivas, como mínimo, actuales, estaría en condiciones de impulsar las ciencias de la tierra y sus ingenieros, en condiciones de prever y proveer los mecanismos para evitar que las fricciones y plegamientos pusieran en peligro la vida. Que esas fuerzas productivas y su capacidad de destrucción y muerte este manos de gente cuyo objetivo es engordar la cuenta corriente propia es una obscenidad, contra la que es preciso revelarse.

La propia evolución estelar de nuestro sol, nos avoca ser vaporizados en su etapa de crecimiento degenerativo y la evacuación terrestre podría no ser la única opción.

Una sociedad, donde el reparto no se mida por el dinero que tengas sino por lo que seas capaz de aportar, podría solucionar ese alterado software. Porque al sumar el esfuerzo colectivo a la solución de amenazas previsibles, conocidas, escrutables, podría generar en el transito hacia la integración humana estudios y trabajos apuntando a la solución. De otro lado, teniendo en cuenta la profundidad y alcance de un esfuerzo semejante, el propio hecho de abordar el trabajo con criterios diferentes al del trabajo asalariado, los participantes, en ese esfuerzo, no estarían alienados del esfuerzo comprometido y asumido, es decir, la humanidad sería dueña de su destino.

Terminaré este largo apunte agradeciendo a mis amigos sus críticas y correcciones, diciéndoles, aunque parezca, lo contrario, que tengo en cuenta sus correcciones, pero a veces, el ejecutante, hace bueno el refrán al tropezar, más de dos y tres veces, en una piedra obstinada en no quitarse del camino. Gracias por las correcciones. Me esfuerzo en mejorar.

jmrmesas

veinticinco de febrero de dos mil dieciocho

Este apunte lo fraccioné en tres partes para facilitar su lectura, pero algún amigo me aconseja que lo rehaga en uno solo porque fraccionado pierde coherencia. Le agradezco su atención y las correcciones, mínimas, espero que lo hagan más claro.

Quiero dedicarlo a esa vanguardia abnegada que son las mujeres y que el próximo 8 de marzo nos convocan a solidarizarnos en su esfuerzo.

jmrmesas

cuatro de marzo de dos mil dieciocho








martes, 6 de febrero de 2018

RECUPERAR LA UTOPÍA







RECUPERAR LA UTOPÍA

RECUPERAR LA UTOPÍA PARA CONSTRUIR LA ALTERNATIVA


Me han parecido interesantes las consideraciones de Boaventura de Sousa Santos acerca de la unidad de la izquierda y el interregno, cuyo enlace dejo aquí para los interesados en conocer lo que dice.

Empieza diciendo que tiene preferencias por las cuestiones de fondo más que por la coyuntura y animado por esta afirmación encuentro estos temas que me parecen merecedores de alguna puntualización porque son justamente los que pueden echar luz que desbrocen la confusión y puedan elevar a la clase obrera, cada vez más mermada, de la terrible derrota que supuso, en los hechos, el abandono de la lucha por el socialismo, con todos los fallos que se le puedan atribuir a la lucha de casi doscientos años.

Intentaré responder los temas que me parecen más relevante como los que él denomina el interregno, las agendas explícitas e implícitas y el punto que considero menos elaborado, la unidad de las izquierdas.

INTERREGNO Y AGENDAS

Ante todo el párrafo que transcribo, merece alguna consideración porque no explicita que ese conjunto de teorías y prácticas transformadores no se han evaporado como humo sino que la debilidad actual se debe a la hostilidad de la clase capitalista, de un lado, y a la dejación de la lucha teórica contra el capitalismo, cuando no, a la traición de sus dirigentes: Izquierda significa el conjunto de teorías y prácticas transformadoras que, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, han resistido a la expansión del capitalismo y al tipo de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales que genera, y que surgieron con la convicción de que puede existir un futuro poscapitalista, una sociedad alternativa, más justa por estar orientada a la satisfacción de las necesidades reales de los pueblos, y más libre, por estar centrada en la realización de las condiciones del efectivo ejercicio de la libertad. Sin esta reflexión podría parecer que la resistencia se debilita por estar fuera de contexto, por ser quimérica, cuando es obsoleta, porque no combate al sistema sino que se deja arrastrar por el mismo sistema que quiere combatir.

Cualquier interesado en la historia de la lucha de clases puede notar, cuando lees los acontecimientos pasados, las referencias a la lucha contra la propiedad de los medios de producción que las organizaciones obreras, de entonces, tanto socialistas como anarquistas, tienen presente esa característica definitoria, y concretamente, teóricos socialistas como Jaime Vera se esfuerzan en hacer notar que la sociedad cambia y nada permanece tal cual, porque la transformación es constante y continua, algo que parece no querer entender los dirigentes políticos.

Esta consideración sobre la izquierda puede parecer cabal, pero conviene entender que ese aislamiento es el resultado de la indigencia teórica y política, que supuso la traición, aunque el señor de Sousa es más amable en la definición: Lo que sucede es que las fuerzas de izquierda tienen una enorme dificultad en conocer las experiencias de otras fuerzas de izquierda en otros países y en estar dispuestas a aprender de ellas. Y continua...No están interesadas en conocer profundamente las realidades políticas de otros países ni tampoco dan la atención debida al contexto internacional y a las fuerzas económicas y políticas que lo dominan. La desaparición analítica de las múltiples caras del imperialismo es una prueba de ello. Además, tienden a ser poco sensibles ante la diversidad cultural y política del mundo. Esto último puede ser discutible porque no es desinterés, es el resultado de querer dar respuesta a una situación de contenido, claramente internacional, desde el estrecho marco local, o como mucho, estatal, porque traspasar este marco nos enfrenta con el sistema, como un todo, y dar respuesta a ese TODO implica voluntad y premeditación de combatir el capitalismo y eso requiere proponer y elaborar una alternativa, que no puede ser local sino internacional.

Lo sitúa en 1989 con la caída del muro de Berlín. El mundo que creó el neoliberalismo en 1989 con la caída del Muro de Berlín terminó con la primera fase de la crisis financiera (2008-2011) y todavía no se ha definido el nuevo mundo que le tomará el relevo. Esto que dice me parece inexacto porque no es que no se haya definido el nuevo mundo que tomará el relevo, ni que se haya superado la primera fase de la crisis económica -2008-2011- es que el discurso de la recuperación económica es falso de principio a fin porque la desregulación que produjo la crisis no es que se haya corregido sino que ha habido una enorme transferencia de recursos públicos a la banca privada, en todo el mundo, sin que se haya movido una hoja, y claro está, con esta colosal aportación de los más pobres a los más ricos, la raíz de la crisis, que en términos generales, se ha suavizado, permite al capital financiero estadounidense, presionar para acceder libremente a los mercados nacionales que China y Rusia poseen, y como esto no ha sucedido, porque las contrapartidas serían catastróficas, la principal causa de la crisis sigue abierta porque para que pueda desarrollarse un nuevo respiro, es necesario ir a una confrontación de poder y este tipo de duelo tiene riesgos muy imprevisibles.

Lo que el señor de Sousa llama interregno, es en mi opinión, la perdida de liderazgo que la burguesía estadounidense dominante, que fue capaz de configurar el mundo desde la SGM a la medida de sus interese, hasta ese interregno, ha perdido poder de configuración global y esta realidad ha abierto contradicciones en el seno del complejo militar industrial, y ha continuado entre los burgueses europeos, tradicionales aliados de la burguesía dominante estadounidense que empiezan a encontrar dificultades disintiendo estos, de esa política que les acota el espacio propio.

En realidad, el interregno es la crisis del modo de producción mercantil, y la agenda explicita que él define como el fracaso del socialismo es el reverso del fracaso de la burocracia soviética, que el movimiento obrero no ha sido capaz de abordar porque para poder enfrentar esa derrota hay que reivindicar el socialismo como alternativa al modo de producción mercantil, o acaso la enorme transferencia de recursos producidos – el 82% de la renta global, transferida al 1% – ¿no es una socialización inversa?, en realidad es el expolio global.

UTOPÍA

Tildar de utópico a un adversario político es situarlo en el umbral de la irrealidad más profunda, pero la realidad cotidiana nos ciega porque no nos permite alejarnos del entorno para tomar perspectiva, y la cotidianidad de la lucha por la supervivencia, en medio de la abundancia y el despilfarro nos aparta de la posibilidad de encontrar el camino, por tanto, por utópico que parezca la necesidad de romper políticamente con el capitalismo es consustancial con la necesidad de buscar la alternativa. Sin esa ruptura no hay ni habrá alternativa creíble, y las ideas predominantes serán las de la pequeña burguesía, precursoras de un fascismo, mantenido en sordina, mientras la izquierda formal se deja arrastrar porque entiende, cuando menos intuye que la alternativa significa reivindicar lo que históricamente ha definido ser de izquierda, reivindicar los medios de producción para el conjunto de la sociedad, sin esa propiedad común, ser fuente de poder y legitimidad es una frase hueca, porque los dueños del mundo la vacían de contenido, con la ayudas de sus gobiernos y sus instituciones, y esto si lo dice claramente, el señor de Sousa cuando escribe, La globalización neoliberal, la desregulación, la privatización, los tratados de libre comercio, el papel inflacionario del Banco Mundial y del FMI se fueron desarrollando paulatinamente para erosionar el principio del Estado, y es justo reconocer el valor de su análisis.

Recuperar la utopía quiere decir poner al ser humano por encima del mercado. Sin una enconada lucha teórica por desmontar el discurso del sistema, la humanidad es comparsa y nunca podrá ser fuente de poder y legitimidad porque es expoliada y anulada por una élite que pretende elevarse por encima del ser humano, y tal vez fabular con crear otro tipo diferente.

Por eso, la constante y machacona cantinela de la crisis, o los constantes y no menos detallados informes sobre la corrupción social y gubernamental, sin que desde las fuerzas llamadas a proponer y organizar una respuesta se produzcan alternativas, tienden a adormecer a una ciudadanía que considera normal estos hechos, porque la respuesta, limitada al lento camino de los tribunales – pieza esencial del Estado burgués, garantizador del dominio de la clase expoliadora –, termina por llevar al ánimo popular la idea de que tal alternativa es imposible, cuando para que el desarrollo sea otro, hay que empezar por llevar al ánimo del pueblo trabajador que jamás se hará realidad la afirmación de ser fuente de poder y legitimidad que dice la constitución, en los países avanzados y democráticos porque, para que sea real esa afirmación hay que empezar rompiendo la idea de que el capitalismo, el modo de producción mercantil, el sistema es la única solución: la transferencia del 82% de la riqueza global producida, al 1% de los más ricos es la confirmación de un monumental robo que nadie se atreve a explicar y desarrollar, y esto, en estos términos es necesario teorizarlo y algumentarlo, para llevar al ánimo del pueblo trabajador, del norte y del sur del este y del oeste, que el sistema, el capitalismo, no ofrece ni puede ofrecer beneficio para la humanidad. Fue una etapa del proceso histórico y hay que ponerle el fin.

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA

El denso y extenso articulo del señor de Sousa, cuyo enlace dejo al comienzo, y recomiendo leer al lector interesado, recalca cómo el capitalismo, que desde su inicio es un sistema globalizante ha llegado a un punto cuya agenda implícita se verifica por someter por primera vez virtualmente el mundo entero al mismo modelo de desarrollo hegemónico (el capitalismo en su versión neoliberal) y, por otro, transformar la democracia liberal en el único sistema político legítimo e imponerlo en todo el mundo...al tiempo que convierte al Estado en un sirviente, aunque dicho en forma elegante...El objetivo fue que el Estado pasara de Estado capitalista con contradicciones a Estado capitalista sin contradicciones. Las contradicciones pasarían a manifestarse en la sociedad, crisis sociales que serían resueltas como cuestiones policiales y no como cuestiones políticas.

Este panorama vendría a confirmar en los hechos que el mundo es una entidad de producción única, estructurado alrededor de un mercado, en el que el capital financiero estadounidense, aún desarrollando una presión agresiva, no ha penetrado (Rusia, China) en la misma cuantía que lo ha hecho en la Europa aliada, subordinada al socio dominante, y de ahí, las enconadas contradicciones ya que los Estados nacionales solo cumplen la función de rediles en los que controlar masas empobrecidas – en la medida que transfieren las contradicciones políticas y sociales, a un mercado que las convierte en mercancías – por eso la sucesión de frecuentes cumbres gubernamentales a niveles de jefes de Estados y de otro tipo de funcionarios es lo que convierte las crisis económicas, políticas, sociales en problemas policiales, no pudiendo ser respondido por la izquierda, no porque las izquierdas se nieguen a prender unas de otra, sino porque el intento de coordinación de las políticas económicas, sociales les convertiría, automáticamente, en el objetivo a batir, como la reencarnación del comunismo redivivo y la relativa placidez del parlamentarismo electoral se convertiría en una lucha abierta, aún con los instrumentos pacíficos y democráticos, en la política de clase contra clase.

La intensa comunicación de la burguesía liderada por el capital financiero del complejo militar industrial de EEUU, evidentemente, no puede ser respondido por una izquierda deslocalizada sino que la coordinación debe ser el paso inicial para responder con una política capaz de cortar el negocio de la fabricación de armas como un chantage, una extorsión, a la humanidad, y ese paso inicial ha tenido, históricamente el contenido y la forma de una internacional. Aprender de la historia significa notar el desprecio del poder por la vida humana subordinándola a satisfacer los intereses y caprichos del poder. La izquierda, y su más consecuente metodología militante – el marxismo – tiene que liderar ese enfrentamiento porque es imposible avanzar sin objetivos. Tras los cantos laudatorios a la salida de la crisis iniciada en 2008 – sin otra medida que la transferencia de dinero público a la banca privada –, el desplome del índice bursátil Dow Jones en Nueva York, revela que mientras la desregulación financiera no tenga límites, la necesidad del capital financiero de empobrecer al 99% para dominar y subyugar equivale a permitir el asesinato, el holocausto de la mayoría, a manos de una élite. Solamente por cobardía, pereza mental e ideológica para exigir la necesidad de poner coto a la ambición de una élite, se puede interpretar el silencio de la izquierda. Controlar y gravar el capital financiero es imprescindible como garantía y salvaguarda de la HUMANIDAD.

Los nuevos tiempo generan nuevos elementos generadores de conocimientos, de nuevas experiencias y nuevas posibilidades, en suma, elementos generadores de riqueza. Las comunicaciones, la informática, internet, han generado una enorme base de datos – Big Data –, en si misma, riqueza, pero en la medida que su control queda en manos de grandes corporaciones privadas, su análisis, estudio y proyección es un arma poderosa que la empresa privada depositaria de esa información cede o vende sin contrapartida. La izquierda ha de luchar por la recuperación de esa base de datos puesta bajo control de una autoridad internacional – podría ser la ONU –, pues esa base podría ser interpretado como compendio, resumen del individuo colectivo social, y por tanto, su mercantilización ha de ser impedida, igual que por ley el adn humano tendría que ser patrimonio del conjunto.

En resumen, la izquierda ha de ser capaz de dirigirse abiertamente a la clase obrera, al pueblo trabajador, diciéndole sin ambages, que sin acabar con el capitalismo no existen soluciones a los problemas, ni económicos ni sociales, ni nacionales ni internacionales, porque en las entrañas económicas, sociales y políticas del modo de producción mercantil está la necesidad de arrebatar la mayor cantidad de beneficio personal, ganancia, plusvalía, renta, y ese virus, en la actualidad ya no es condición de progreso social sino la más mortífera condición de insolidaridad, hostilidad y agresión, y posiblemente, de regresión calamitosa.

Luchar por el socialismo, controlando, regulando y gravando al capital es la condición inexcusable para que los pueblos sean fuente de legitimidad, conscientes y de poder, consecuente. Ningun poder personal por encima del pueblo, de la sociedad. RECUPERAR LA UTOPÍA ES LA CONDICION.

jmrmesas

seis de febrero de dos mil dieciocho